Imaginando la historia

Rob Rosenthal

Como maestro de nuevos productores de radio, animo a mis estudiantes a hacer algo riesgoso: planear una historia antes de salir a reportearla. 

Suena contraproducente, ¿no? Se espera que los productores salgan al campo a encontrar la historia, no forzarla. Bueno, para aclarar, estoy de acuerdo con eso. Pero también creo que es importante soñar anticipadamente con lo que puede ser una historia. 

Y, para aclarar, no me refiero a simplemente hacer una lista de personajes, sonidos y preguntas. Ese tipo de planificación se da por sentado. Lo que sugiero es que los estudiantes imaginen cómo se podría contar la historia, que hagan un borrador de la narrativa. 

Después de investigar un poco la historia y antes de empezar el trabajo de campo, aliento a mis estudiantes a hacerse algunas preguntas. Preguntas como:

  • En mi sueño narrativo más osado, ¿cómo me gustaría contar la historia que estoy produciendo?
  • ¿Qué podría atrapar los oídos de los oyentes?
  • ¿Cuál es la manera narrativa más convincente de comunicar tanto la verdad factual como emocional de la historia?
  • ¿Qué podría funcionar como el principio, medio y final?
  • ¿Cómo me puedo asegurar de capturar el conflicto, la tensión y otros elementos dramáticos?

Al imaginar la historia de esa manera, terminan creando una “lista de pasos para la narrativa”. Esa lista guiará su reporteo. Determinarán qué escenas capturar y qué preguntas hacer para representar el drama de la historia de la mejor manera. Aquí un ejemplo de lo que quiero decir del Taller de Historias de Transom.

(Dicho sea de paso, saqué este método del ensayo Conceiving Features: One Reporter’s Style [algo así como Concibiendo crónicas: el estilo de un reportero] de Robert Krulwich incluido en el primer Sound Reporting: National Public Radio Guide to Radio Journalism, que fue editado por Marcus Rosenbaum y John Dinges, y que ahora está fuera de circulación). 

La historia. 

Joan Lederman es una ceramista que produce platos, tazas y otros objetos. Barniza su arcilla con una sustancia única: sedimentos del fondo del océano. 

Joan trabaja en Woods Hole en Cape Cod, un centro de investigación oceánica reconocido a nivel internacional. Los científicos donan muestras vitales de lugares impresionantemente remotos. Joan ha barnizado cerámica con sedimento de la Zona de fractura de Kane del Océano Atlántico y de la fuente hidrotermal Pacífico, así como el barro de la costa de Martha’s Vineyard y muestras del relieve ártico. 

No hay dos sedimentos que produzcan los mismos resultados. Joan dice que no importa cuánto se esfuerce por repetir patrones, un color u opacidad, siempre produce un resultado distinto. Esto aporta un ingrediente de azar a su trabajo. 

Joni Glazebrook, una estudiante en el taller de Transom, encontró a Joan y se quedó intrigada por su trabajo. Pensó en hacer un perfil de Joan y realizó una investigación preliminar. Joni consiguió gran parte de la información que listé arriba de unas pre-entrevista y visita al taller de Joan. 

Suena interesante, ¿no? ¿Ahora qué? Planea la historia. 

El plan. 

En clase, sopesamos algunas posibilidades de cómo abordar la historia. Algunas malísimas. Otras no. 

Una manera obvia de empezar una historia sobre Joan es en la rueda del alfarero. Está el sonido de la rueda dando vueltas y las manos dándole forma al barro. También hay un elemento visual simpático para describir: un montículo de barro que mágicamente toma forma. 

Pero para ser honestos, eso es demasiado obvio. No me malentiendan. Joni debe grabar ese momento para posiblemente usarlo en la historia. Pero hablando narrativamente, es un comienzo predecible.

Quizás, un comienzo menos obvio y más intrigante sería el momento en que Joan coloca los objetos en su horno. ¿Por qué? Por un detalle aparentemente pequeño que Joni descubrió en su investigación preliminar: el azar. 

Después de que Joan barniza las tazas, platos, ollas y otros artículos a los que ha dado forma, los coloca en el horno y no sabe cómo saldrán. 

Si empiezas una historia con un misterio, empiezas bien. Se crea tensión: “¿Qué pasará?” Sé que no es el tipo de tensión de un crimen sin resolver. Pero es tensión al fin y al cabo. Y es una parte significativa del proceso de Joan. Si empiezas la historia ahí, hay esperanza de que los oyentes se quedarán para saber qué pasa.

Cuando discutimos esta idea en clase, otra escena se hizo obvia, sacar las cerámicas del horno. Ese es el momento en que se resuelve el misterio. Cuando algo se resuelve también es bueno para una historia. 

Ahora la productora, Joni, tenía dos escenas sólidas en su lista de narrativa, un posible comienzo y un posible final. El medio de la historia de Joni podía incluir la escena de la rueda de alfarero, un tour por el taller, una reunión entre Joan y un científico o Joan con un cliente. Estas posibles escenas para el medio de la historia podrían ayudar a redondear el perfil. 

Con un plan en mano, ahora el trabajo de Joni es ir a conseguir la grabación. Joni necesita agendar un tiempo para ir al taller a capturar esos momentos. Y, durante la entrevista, tiene que concentrarse en preguntas sobre cerrar el horno, abrir el horno y el azar. 

Mantén tus oídos abiertos.

Una advertencia sobre este tipo de planeación antes de salir al campo: Joni, o cualquier productor, tiene que mantener la mente abierta. No pueden cegarse por su plan. Quizás el elemento de la suerte no es tan importante. Quizás el peso de la historia deba colocarse en otro lado. Las escenas planificadas son escritas con lápiz, no con tinta. Te dan un lugar para empezar. Algo de donde partir, algo a lo que apuntar, y en algunos casos, algo que debes resistir.

Como ocurre con el destino, Joni sí cambió de rumbo una vez que llegó al campo. Otros temas fueron más interesantes. 

Pruébalo. Investiga. Imagina la mejor manera posible en la que podrías contar tu historia. Haz un plan, —en papel—. Luego, ve por él. Pero asegúrate de mantener los oídos abiertos. 

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